La energía del capricho: futuros parques eólicos marinos, un espejismo del progreso en Canarias
Parece que en Canarias no sabemos distinguir entre interés general y negocio privado, entre planificación estratégica y puro capricho político. Aplaudimos con las orejas cada anuncio de inversión millonaria, aunque venga disfrazado de “sostenibilidad” y nos lo vendan como la solución mágica a todos nuestros problemas energéticos. Ahora el nuevo fetiche es el parque eólico marino, una imponente infraestructura que, según nos dicen, colocará a las islas en la vanguardia de las energías renovables.
Lo que no nos cuentan es el verdadero propósito de estos megaproyectos que no es otor que inflar las cuentas de unas pocas empresas bajo el paraguas del interés general, estratégico o insular, conceptos tan maleables que se han convertido en el pasaporte perfecto para cualquier barbaridad frente a nuestras costas. Todo esto con generosas subvenciones públicas, porque claro, en este negocio “de riesgo” los beneficios son privados, pero las inversiones las pagamos entre todos.
Antonio Morales y el trilerismo de la transición energética
Mención especial merece Antonio Morales, presidente del Cabildo de Gran Canaria, máximo exponente del trilerismo de la transición energética en Canarias. Morales no oculta su voraz apetito por liderar la eólica marina en el Estado Español, mostrando su faceta de buen nacionalista españolista –que no canaristas – al defender los intereses de Red Eléctrica Española, Naturgy, Endesa, grupos locales de inversión y de todo aquel que quiera hacer negocio en Gran Canaria. Todo esto, claro está, bajo la licencia de especulación de la institución que preside. Hay que darle de comer aparte a Antonio, un personaje disfrazado de buenísimo, de “Ecoisla” y demás milongas que camuflan su apuesta por los intereses de cualquiera menos de los canarios.
Pero ¿Para quién es realmente este beneficio energético?
Es irónico, por no decir insultante, que no exista un estudio serio que evalúe las necesidades energéticas de Canarias antes de lanzarnos de cabeza a este despropósito. ¿Realmente necesitamos más energía, o simplemente estamos alimentando el apetito voraz de quienes han encontrado en las renovables una gallina de los huevos de oro?
¿Dónde están los estudios de impacto ambiental, social y económico que nos aseguren que esta es
la mejor opción para las islas?
Mientras tanto, los responsables políticos –liderados por personajes como Antonio Morales– aplauden como focas en un circo, mostrando su mejor sonrisa para las cámaras y vendiéndonos la moto de que estas inversiones traerán empleo y riqueza a Canarias. Claro, como si no supiéramos que la mayoría de estos proyectos se gestionan desde despachos lejanos, que los puestos de trabajo locales son temporales y que las ganancias terminan siempre en manos de grandes multinacionales.

El gran despropósito frente a nuestras costas
Lo más grave es que no solo estamos hipotecando nuestros fondos públicos, sino también nuestro territorio y nuestras costas. Estamos hablando de un impacto visual, ecológico y social de proporciones gigantescas, que afectará tanto a nuestra biodiversidad como a sectores clave por lo que hipotecan toda posibilidad de progreso y mejora de calidad de vida para quienes aquí vivimos y nacimos. Pero eso parece importar poco mientras algunos puedan forrarse con el aval del “interés general”.
Lo que está ocurriendo con la idea de implantar los parques eólicos marinos es una metáfora perfecta de la política energética en Canarias: improvisación, falta de transparencia y un desprecio absoluto por las necesidades reales de la población. No estamos planificando un futuro de dignidad, estamos permitiendo que otros usen nuestras islas como campo de experimentos y caja registradora, a través de un modelo que secuestra y cautiva nuestra economía y nos encorsetan a vivir con migajas en la pobreza. LAs cuotas de poder se mantienen intactas y los canarios conformes con las cuatro papas pal caldo.
¿Quién responde por este desbarajuste?
Es hora de señalar a los responsables de este sinsentido: políticos como Antonio Morales, que se llenan la boca con promesas vacías mientras defienden intereses ajenos, empresarios que se esconden tras el discurso verde mientras cuentan billetes, y unas instituciones que, en lugar de defender los intereses del pueblo canario, se convierten en cómplices de este atropello.
Si realmente queremos un modelo energético sostenible para Canarias, necesitamos mucho más que grandes titulares y anuncios rimbombantes. Necesitamos estudios serios, planificación real y un compromiso firme con las necesidades del Archipiélago y su gente. Lo demás no es progreso, es puro negocio a costa de todos. Y eso, señores, no tiene nada de sostenible.
