Onalia, la TATOS y la odisea del guiri: una tragicomedia en Mogán
En Mogán, donde el sol nunca falta y las promesas sobran, Onalia Bueno nos regala una nueva obra maestra del teatro político: la Tasa Turística Solidaria (TATOS). ¡Aplausos, por favor! Porque lo suyo no es gobernar, es vender humo con arte.
Dice Onalia que esta tasa es la solución a los males económicos del municipio. Vamos, un milagro fiscal que hará del guiri no solo turista, sino salvador y benefactor del moganero., partípe de las fiestas de la patrona y copropietario de la playa. Porque, claro, aquí el que paga el pato siempre es el moganero de a pie, pero ahora el choni tendrálagratificación de que su aportación es por una causa noble: el propio bienestar del guiri siguiente que visite Mogán, algo así como una especie de cadena solidaria de cogestión turística que es lo realmente importante. Lo cuidar de nuestra gente, lo dejamos para otro momento.
Mientras los hoteles todo incluido se llevan la tajada gorda y no dejan al turista ni asomarse al supermercado, el vecino sigue lidiando con infraestructuras viejas, sueldos de miseria y un transporte público que parece sacado de los años 80.
Pero no pasa nada, porque Onalia tiene las prioridades claras: primero el guiri, luego el hotelero, después la foto en FITUR y, ya si eso, el moganero.La TATOS, que suena más a nombre de Drag Queen del Carnaval que a medida fiscal seria, viene disfrazada de solidaridad. Pero no nos engañemos pues ni es solidaria ni sirve para aliviar las penurias locales.

Es un parche ridículo, un fisco chico de aporte con nombre rimbombante que solo da para costear la autopromoción de la alcaldesa y su tropa. Porque lo de invertir en el bienestar real de los moganeros, eso sí que es una asignatura pendiente. El argumento de Onalia y su fiel escudero Eduardo Álamo es que el turista debe contribuir al esfuerzo económico del municipio. Hasta aquí, todo bien. El problema es que, como siempre, lo recaudado nunca llega a donde hace falta.
¿Reparar calles? ¿Mejorar el transporte público? ¿Garantizar salarios dignos? No, hombre, no.
Esa pasta se va en ferias, promoción y en mantener el «modelo turístico que nos lleva a morir de éxito», que es una manera elegante de decir que seguimos vendiendo nuestro territorio al mejor postor mientras el vecino paga los platos rotos.
Y es que Onalia se ha propuesto hacer de Mogán un paraíso para el turista. Playa, sol, hamacas, y hasta actividades pagadas con su flamante tasa. Todo incluido, pero no para el moganero, que aquí sigue esperando soluciones reales. Porque si algo está asegurado en Mogán, es que el guiri no tendrá que renunciar a nada, mientras el vecino renuncia a todo.

El colmo no es que nos vendan la TATOS como una medida «insignificante», casi un gesto simbólico. Pero, chacho, cuando toque renovar el paseo marítimo o plantar cuatro palmeras para el Instagram del turista, esos céntimos se convertirán en euros y los moganeros seguirán mirando desde la barrera, pero poniéndolo todo al servicio del de fuera.
Mogán no es más que el enésimo ejemplo de cómo la política turística en Canarias prioriza el lucro de unos pocos sobre el bienestar de los de siempre. Y con Onalia al frente, la rueda sigue girando. El guiri disfruta, el hotelero se enriquece, y el moganero, como buen anfitrión, paga la fiesta.
Bienvenidos a Mogán, donde el turista manda, el vecino aguanta y la alcaldesa sonríe.
