El falso «Guanarteme» que vende Gran Canaria al mejor postor: Teodoro Sosa
Teodoro Sosa, alcalde de Gáldar, su particular Guayedra, y cabeza visible del Bloque Nacionalista Rural (BNR) en Gran Canaria, se autoproclama como el gran líder del nacionalismo en la isla. Pero su trayectoria lo desmiente, su política es un catálogo de devastación territorial, clientelismo empresarial y narcisismo político. Pretender liderar ,según dice, el nacionalismo canario desde el municipalismo ,pero cuando se actúa como un enterrador de la tierra que se dice defender es, como mínimo, un ejercicio descarado de hipocresía.
Desde su pedestal en el Cabildo de Gran Canaria, Sosa no ha hecho más que perpetuar un modelo que condena al noroeste de la isla y al archipiélago a la dependencia y la destrucción.
Su obsesión por proyectos faraónicos como el tren insular, cuyo coste de construcción y mantenimiento hipotecará a la isla durante generaciones, es la muestra perfecta de su falta de visión y concepción del Archipiélago como país. Mientras las verdaderas necesidades del territorio y nuestra gente son ignoradas, su tren se convierte en una metáfora del despilfarro y la desconexión con la realidad.
La devastación del territorio como modelo político
Sosa ha apoyado, desde el inicio, el modelo de transición energética desplegado por Antonio Morales, un plan que no resuelve nada, pero sí asegura pingües beneficios para empresas foráneas y grupos de inversión locales.
No podemos pasar por alto su defensa de la destrucción del Barranco de Arguineguín y la construcción de la central hidroeléctrica Chira-Soria que es el mayor atentado medioambiental que ha conocido Gran Canaria. Esta infraestructura no solo devasta el territorio, sino que condena a la isla a perpetuar un modelo energético dependiente y subordinado al poder empresarial.
Pero el desastre no termina ahí. Desde el Cabildo, Sosa también ha respaldado la autorización de parques fotovoltaicos en suelo agrícola, destruyendo espacios que podrían ser clave para avanzar hacia la soberanía alimentaria.
¿Qué tipo de nacionalismo defiende un político que entrega nuestras tierras cultivables a intereses externos y desfigura el paisaje que dice proteger?
Su complicidad con estos proyectos lo desenmascara: Sosa no defiende Gran Canaria, la vende.

Patrimonio y cultura: un escaparate vacío
Mientras el patrimonio arqueológico y etnográfico de Gran Canaria sufre el abandono, Sosa lo reduce a música folklórica y fiestas de barrio. Desde su trono en Gáldar, ha demostrado una alarmante falta de interés por la identidad nacional canaria. No existe en su discurso un plan coherente para reforzar el vínculo con nuestras raíces; lo suyo es puro artificio, un espectáculo vacío para distraer a quienes aún confían en sus promesas. Basta con mirar a Risco Caído, como Patrimonio de la Humanidad y darse cuenta de cómo se ha convertido en la joya abandonada de Gran Canaria que prometía ser ejemplo y oportunidad para convertirse en fracaso de gestión y aprovechamiento de posibilidades.
El ego de un político sin propuestas
¿Qué ha aportado Teodoro Sosa al desarrollo de Gran Canaria? ¿Alguien conoce una sola propuesta suya que plantee un modelo económico de progreso que no destruya el territorio? ¿Cuál es su propuesta de diversificación económica para Canarias? ¿Cómo quiere resolver la sobrepoblación existente sin abordar una regulación de residencia puesto que la UE nos ata y nos mata cada día un poco más?
Su liderazgo es una cortina de humo, un ejercicio de narcisismo y egolatría que nada tiene que ver con el interés general. Entre sus colegas de turno puede que cuele su ambición pues le van a la saga. Su única ambición es mantener el estatus quo de poder, perpetuando el clientelismo político-empresarial que asfixia a nuestra isla para sentirse Guanarteme em Gran Canaria.
En lugar de planificar un futuro de oportunidades para Gran Canaria y el archipiélago, Sosa se dedica a negociar con quien haga falta para conservar su parcela de poder. Es capaz de pactar con el mismísimo diablo si eso significa seguir escalando y manteniendo poder. Su narcisismo no conoce límites, pero su credibilidad sí, es decir, ninguna.
Su discurso es una fachada y su «liderazgo» un bluf monumental.
Un falso «Guanarteme» que traiciona a Gran Canaria
El nacionalismo canario necesita líderes comprometidos, valientes y con visión de futuro. No necesita farsantes que se disfrazan de defensores de la tierra mientras la entregan al mejor postor. Sosa, con su devastación del territorio, su sumisión al poder empresarial y su ausencia total de propuestas creíbles, es todo lo contrario a lo que necesita Gran Canaria.
Teodoro Sosa no es un «Guanarteme»; es un enterrador. Un enterrador de la identidad, del patrimonio y del futuro de Gran Canaria. Su legado será el de un político que traicionó la esencia de nuestra tierra y que vendió nuestras islas a cambio de poder. Gran Canaria no necesita líderes como él. Necesita un cambio real, un modelo que respete nuestro territorio, que apueste por un progreso económico sostenible y que defienda nuestra soberanía frente a quienes buscan despojarnos de nuestra esencia.
Sosa no es ese líder, ni lo será nunca. Es hora de pasar página y construir un futuro sin farsantes ni oportunistas. Gran Canaria y nuestro Archipiélago lo merecen.


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