11 de febrero de 2025

El mayordomo de los poderosos en el banquete de la corrupción canaria

El mayordomo de los poderosos en el banquete de la corrupción canaria

Hay cosas que solo pasan en Canarias, y no porque seamos especiales, sino porque algunos políticos han convertido el archipiélago en un patio  donde las leyes son papel mojado y la justicia es tratada como un mosquito molesto al que basta con espantar.

Un episodio reciente de esta comedia patética lo protagoniza el Gobierno de Fernando Clavijo, que decidió premiar con 2,5 millones de euros a la promotora del hotel ilegal Papagayo Arena, ese mastodonte que se alzó sin permisos ni vergüenza en pleno Parque Natural de Los Ajaches, en Lanzarote.

Sí, han leído bien, un hotel ilegal, condenado por la justicia a ser derribado, recibe dinero público

como si fuera una víctima en lugar del verdugo del territorio.

Esto es como si a un pirómano se le entregara un cheque para comprar gasolina porque «pobrecito, se quedó sin fuego». O como si a un ladrón que asaltó una joyería se le regalara un bono para que pueda reponer las herramientas que perdió durante el atraco.

Pero no nos engañemos que aquí no hay torpeza ni casualidad. Esto es premeditación pura y dura.

Es el Gobierno de Clavijo diciendo alto y claro que las sentencias judiciales son opcionales y que, si tienes suficiente dinero o influencia, puedes hacer lo que te dé la gana con esta tierra.

Porque claro, ¿qué pasaría si en lugar de un hotel de lujo fueran unas casas humildes construidas por familias canarias?

 ¿Recibirían también una compensación millonaria? No hace falta ser adivino para saber la respuesta. 

En ese caso, el gobierno estaría blandiendo el mazo de la ley con fervor inquisitorial.  «La ley es la ley», dirían con gesto solemne mientras ordenan el derribo inmediato.

Pero cuando se trata de grandes empresas y sus proyectos ilegales, la ley parece convertirse en plastilina moldeable al gusto del mejor postor.

El caso del Papagayo Arena no es solo un ejemplo más de corrupción urbanística. Es una bofetada en la cara del pueblo canario.

Es un recordatorio de que aquí no manda la justicia ni el interés general, sino los intereses privados de unos pocos.

Es como si Canarias fuera una tarta exquisita y los políticos actuaran como camareros serviles repartiendo las mejores porciones entre sus amigos mientras al resto solo nos dejan las migajas… y las facturas.

La ironía más amarga es que este hotel no solo destruyó un espacio natural protegido; también representa el saqueo sistemático de nuestra identidad y nuestro futuro.

Porque cada vez que permitimos estas barbaridades, estamos hipotecando lo único que realmente nos pertenece, nuestra tierra.  Y ahora resulta que no solo no derriban el hotel ilegal, sino que además le dan dinero público.

Es como si te roban el coche y encima tienes que pagarle al ladrón por los daños que sufrió mientras lo conducía sin permiso.

El Gobierno de Clavijo ha demostrado ser más fiel a los intereses privados que a los ciudadanos a quienes debería servir.  En lugar de defender nuestro patrimonio natural, actúa como abogado defensor del delito urbanístico.

En lugar de cumplir las sentencias judiciales, las ignora o las retuerce hasta dejarlas irreconocibles. Y en lugar de proteger a Canarias, se convierte en cómplice del expolio.

Pero no nos confundamos, esto no es solo culpa del gobierno actual.  La corrupción urbanística lleva décadas campando a sus anchas por Canarias como una plaga bíblica.

Desde hoteles ilegales hasta campos de golf construidos donde nunca debieron estar, hemos visto cómo nuestra tierra era vendida al mejor postor mientras nosotros mirábamos impotentes.

La diferencia ahora es que ni siquiera intentan disimularlo. El descaro ha alcanzado niveles olímpicos. Premiar con dinero público a una promotora condenada por construir ilegalmente es cruzar todas las líneas posibles.

Es decirnos en nuestra cara: «Sí, estamos del lado de los corruptos, ¿y qué?». 

El caso Papagayo Arena debería ser una llamada de atención para todos nosotros.

No podemos seguir permitiendo que nuestros gobernantes actúen como mayordomos serviles en el banquete de la corrupción., ni que este saqueo sistemático como si fuera inevitable.

Porque si seguimos mirando hacia otro lado, llegará un día en que ya no quede nada por robar… excepto nuestra dignidad. Y entonces, ¿qué nos quedará? 

Un archipiélago lleno de hoteles ilegales y campos de golf vacíos mientras nosotros seguimos pagando la cuenta.