31 de diciembre de 2024

El nuevo truco de feria es la “vivienda asequible incentivada”.

El nuevo truco de feria es la “vivienda asequible incentivada”.

Ah, la vivienda en Canarias, ese espectáculo de fuegos artificiales donde el Gobierno promete maravillas mientras todos seguimos mirando al cielo esperando que estalle algo más que su incompetencia.

Ahora llega el nuevo truco de feria: la “vivienda asequible incentivada”.

Suena grandilocuente, ¿verdad? Pero, ¿qué es exactamente?

Pues parece ser la última genialidad de un prestidigitador que, después de años de encajonar a la clase media entre hipotecas imposibles y alquileres prohibitivos, ahora pretende rescatarnos con migajas disfrazadas de soluciones mágicas.

Hablan de “incentivar” como si la palabra fuera el equivalente a un abracadabra urbanístico. En la práctica, esto significa darle más zanahorias a los promotores inmobiliarios para que construyan viviendas que, milagrosamente, deberían costar menos.

Claro, porque cuando en esta feria se reparte el premio gordo, siempre cae en los bolsillos de los mismos. Pero no nos confundamos, las escopetas no disparan a los patos, sino directamente a los globos chinos que sostienen la ilusión de una clase media cada vez más desinflada.

La clase media, esa criatura casi mítica que ni es suficientemente pobre para recibir ayudas

ni suficientemente rica para sobrevivir al mercado, es ahora la musa de nuestros políticos.

¿Dónde estaban todas estas lágrimas cuando los salarios congelados y los precios disparados dejaron a las familias luchando por no caer en el abismo?

Ah, claro, estaban muy ocupados recalificando terrenos, aprobando megaproyectos turísticos y hablando de sostenibilidad entre canapé y canapé.

Dicen que las parcelas podrán modificarse para incluir más viviendas a cambio de fijar un precio máximo de alquiler. Genial idea… si viviéramos en un mundo donde la codicia no fuera el motor principal del mercado.

Pero no nos engañemos, lo único que aumenta aquí es la densidad de las promesas vacías. Porque, ¿quién supervisará que los alquileres sean realmente asequibles? ¿Qué pasa cuando los incentivos terminen y los precios vuelvan a subir como la espuma de una cerveza barata?

Y no olvidemos la guinda del pastel, la habilitación de “terceros” para agilizar licencias urbanísticas. Lo que en teoría debería facilitar la construcción de viviendas suena más bien a un cheque en blanco para que los de siempre sigan haciendo de las suyas.

Porque si algo nos ha enseñado la historia reciente de Canarias, es que cuando el sector privado mete la mano en el urbanismo, las prioridades nunca son las familias trabajadoras.

Mientras tanto, seguimos sin respuestas claras sobre lo esencial.

¿Qué medidas hay para frenar la especulación?

¿Cómo se garantiza que las viviendas incentivadas no se conviertan en otro coto cerrado para turistas o inversores extranjeros?

¿Dónde está el control para que no se repita el fiasco de las políticas pasadas?

La emergencia habitacional no se resuelve con titulares rimbombantes ni con “nuevas figuras legales” que solo existen para maquillar la falta de acción real.