¿Nos hemos vuelto ciegos todos o qué nos pasa ? Tal vez no del todo, pero la miopía colectiva en Canarias es alarmante. Mientras se disparan las dioptrías de la conciencia social, parecemos incapaces de ver cómo nuestro archipiélago, frágil y limitado, se subasta al mejor postor. La pregunta no es si Canarias está en venta; la pregunta es cuánto queda por vender.
Desde hace siglos, esta tierra ha sido un botín. Pero ahora, no llegan conquistadores en barcos; llegan inversores, multinacionales y políticos que, lejos de protegernos, han decidido vendernos. Lo peor de todo es nuestra indiferencia, como si este expolio no fuera con nosotros.
Sostenibilidad: una estafa bien maquillada
Nos dicen que somos referentes en transición energética, pero lo que ocurre en Canarias está lejos de ser un modelo sostenible. Los parques eólicos terrestres ya destrozaron paisajes enteros, no contentos con el atraco al territorio, ahora Antonio Morales y otros van a por la costa con parques eólicos marinos.
Amaneceremos viendo aspas no reciclables en el horizonte, alterando el medio marino y el paisaje, sin que nadie se pregunte si de verdad necesitamos semejante atropello ambiental y marítimo o tan siquiera preguntarse ¿ a quiénes beneficia realmente este modelo de transición-negocio?
Además, las hidroeléctricas se han convertido también en el nuevo negocio multimillonario, escudado en la lucha contra el cambio climático.Gran Canaria, un territorio minúsculo, albergará cinco centrales hidroeléctricas, un caso único en el mundo. Gente, esto no es sostenibilidad, es un despropósito al servicio de multinacionales que campan a sus anchas por las instituciones canarias a las que compran sin pudor.
¿A cambio de qué nos traicionan nuestros políticos?
Algún día lo sabremos, pero mientras tanto, aquí estamos, en medio de la fiesta, sin decir ni pío.
Turismo: pan para hoy, miseria para mañana
El modelo turístico canario sigue siendo crecer sin límites. Más camas, más visitantes, más presión sobre un territorio que ya no aguanta más.
Fernando Clavijo y su gobierno apuestan por un crecimiento insostenible, como si el suelo fuese infinito. Cada nuevo complejo turístico incrementa la demanda energética, el consumo de recursos y la desigualdad. Basta con observar el catálogo de macroproyectos por todo el Archipiélago- Una carrera de despropósitos continuados donde ni tú ni yo les importamos en absoluto.
Mientras el PIB crece al ritmo de los millones de turistas, las condiciones de vida de los isleños se deterioran. Las administraciones parecen más interesadas en llenar los bolsillos de unos pocos empresarios que en garantizar el bienestar de quienes vivimos aquí.
¿De qué sirve liderar las cifras de visitantes si tenemos a cientos de miles de personas
en pobreza y exclusión social?
Soberanía alimentaria: otra promesa vacía
En lugar de apostar algo por la recuperación de la agricultura de medianías, de consumo interno, convertimos nuestros terrenos agrícolas en parques fotovoltaicos.
Dependemos del exterior para el 95% de nuestros alimentos, y esta dependencia no hace más que aumentar. Nos prometen soberanía alimentaria mientras vemos desaparecer la tierra cultivable en favor de un modelo que no alimenta a los canarios, pero sí a los bolsillos de grandes inversores.
La agricultura es una labor dura, y en este archipiélago más aún dada la orografía territorial. Es la doble importancia del sector, además de incrementar el abastecimiento, también contribuye a la conservación territorial. Tenemos la obligación de poner en valor este trabajo. Porque la autosuficiencia alimentaria también es necesaria y obligada, cualquier conflicto internacional nos dejaría en situación precaria para conseguir alimentos.
El Régimen Específico de Abastecimiento (REA), supuestamente diseñado
para abaratar la cesta de la compra, es otro engaño.

En la práctica, perpetúa un sistema en el que los monopolios del transporte marítimo dictan los precios siempre al alza, por otro la Unión Europea limita los cupos de importaciones de productos básicos. Tercero, las empresas reciben subvenciones que no se aplican al abaratamiento de los productos. Cuarto, ladrones siempre hay pero el Gobierno de Canarias no aplica controles, ni inspecciones que garanticen la aplicación de subvenciones en favor de la población. ¿Estarán compinchados?
Quinto hemos perdido nuestra libertad comercial para abastecernos de mercados más económicos y nuestra condición de país tercero a efectos comerciales que nos proporcionaba la opción de abastecimiento más económico sin el engendro del REA.
En definitiva, Canarias no es más que un mercado cautivo al servicio del Estado Español
y de la Unión Europea.
RUP (Región Ultra Pobre): el suicidio económico de Canarias
El estatus de Región Ultrapobre (RUP) ha sido una condena. Las restricciones impuestas por la Unión Europea y los altos costos de abastecimiento han ahogado nuestra economía. Las grandes empresas se benefician de las subvenciones, pero el pequeño comercio, los agricultores y la población local solo ven las migajas.
Los políticos que nos vendieron este estatus lo presentaron como un logro, pero la realidad es que nos convirtieron en ciudadanos de tercera categoría. La dependencia estructural y la pobreza que sufrimos hoy son el resultado de decisiones tomadas en despachos lejanos, donde Canarias no era más que una ficha en un tablero.
¿Y nosotros? Seguimos en el Silencio cómplice
El problema no es solo la codicia de los empresarios o la traición de los políticos; es nuestro silencio.
Hemos aceptado el saqueo de nuestra tierra con resignación, como si fuera inevitable. Pero no lo es. Cada día que callamos, damos carta blanca a quienes están destruyendo nuestro futuro.
Es hora de despertar
Canarias está al borde del abismo. Nuestro modelo económico y social no es sostenible, y las decisiones que se están tomando hoy hipotecarán a las futuras generaciones. Si no reaccionamos ahora, habremos perdido no solo nuestro territorio, sino nuestra identidad como pueblo y toda opción de progreso real.
Decir basta no es fácil, pero es necesario. Es hora de reclamar lo que nos pertenece, de construir un modelo que respete nuestra tierra y priorice el bienestar de los canarios. Si seguimos callando, la historia la escribirán otros, y no seremos protagonistas, sino víctimas.
La pregunta no es qué nos han robado. La pregunta es: ¿cuánto estamos dispuestos a perder antes de decir que esta boca es nuestra?
¿Aprenderemos a votar algún día de forma correcta a quines nos defiendan o seguimos con más de lo mismo?



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