«Canarias, la fábrica de salarios de miseria»

Canarias se ha convertido en el patio trasero de los salarios en el Estado Español y la UE. A la cola, pero con dignidad, nos dicen.

Como si la precariedad fuera un deporte en el que llevamos años compitiendo para el podio de los más pobres.

Mientras en otras comunidades se discute sobre innovación o reindustrialización, aquí seguimos poniendo parches a un modelo económico agotado, cimentado en empleos precarios y sueldos que apenas alcanzan para sobrevivir.

La metáfora de nuestra economía bien podría ser una barca agujereada en alta mar, no importa cuánto agua saquemos, siempre nos hundimos un poco más.

Y todo bajo la dirección de unos timoneles, como Clavijo y compañía, que parecen más interesados en vendernos humo que en rescatar el barco. El problema es que este humo no solo nubla la visión, sino que nos asfixia.

¿Hasta cuándo seguiremos viendo a nuestros jóvenes emigrar?

Años de formación pagados con dinero público, y su destino es otro país donde su talento sí se valore.

Porque aquí no hay espacio para los sueños ni para carreras con futuro: todo cabe en los estrechos márgenes del turismo masivo y los contratos temporales.

¿Diversificación económica? Esa promesa la escuchamos tanto como el «hoy no, mañana» de Cantinflas, pero nunca llega.

Mientras, seguimos atrapados en la gran trampa de la libre circulación de trabajadores de la UE. En un mercado laboral donde el sueldo medio no permite ni pagar un alquiler, nuestros políticos insisten en mantener una puerta abierta sin garantías para los de dentro.

¿Protección del mercado laboral canario? Ni está ni se le espera.

Aquí se sigue jugando a la globalización mal entendida, esa que aplasta al pequeño en beneficio del grande.

¿Y qué decir de los salarios? Que son una ofensa. Un ataque a la dignidad.

¿Cómo se explica que, en un territorio con los niveles de vida más bajos de España,

los sueldos sean de los peores de Europa?

Ah, claro, porque para Clavijo y su tropa «el modelo funciona». Funciona para las grandes empresas, para los hoteleros y para los de siempre, pero no para los trabajadores, que tienen que elegir entre comer o pagar el alquiler.

Es urgente un modelo que proteja el mercado laboral canario, que acabe con la precariedad y que plantee soluciones reales.

Menos dependencia del turismo y más apuesta por sectores que aporten valor añadido, como la tecnología o la economía azul.

Pero para eso hace falta liderazgo, valentía y visión, tres cosas que en la política canaria parecen tan escasas como los salarios dignos.

Mientras no haya un cambio, Canarias seguirá siendo la fábrica de humo de siempre, mucho ruido, pocas nueces, y un futuro hipotecado al beneficio de unos pocos.

La pregunta ya no es qué hacemos con este modelo. Es si, como sociedad,

estamos dispuestos a seguir aceptándolo.