Nueva Canarias y su cambio de modelo turístico: el colmo del cinismo político

Qué arte tienen en Nueva Canarias para contar cuentos. Escuchar a Román Rodríguez, Luis Campos y compañía hablar ahora de cambiar el modelo turístico es como oír a un pirómano dando clases de prevención de incendios. Si no fuera porque lo dicen con la cara tan seria, uno pensaría que están practicando para un monólogo en un bar de Las Canteras. Pero no, lo dicen convencidos, como si no llevasen décadas ampliando camas turísticas y aplaudiendo la turistificación a golpe de PIO y licencias a medida.

Ahí están sus «logros»: 1.500 camas en La Aldea, otras mil en el noroeste de Gáldar, Guía y Agaete, 9.000 más en el interior de la isla…

¡y todavía pretenden darnos lecciones de sostenibilidad!

Lo que hacen con una mano lo tapan con la otra, y luego, desde el púlpito de la rueda de prensa, sueltan discursos vacíos al estilo de un televangelista que ha perdido la fe pero no las ganas de recaudar.

Dicen que quieren cambiar el modelo turístico. Pues claro, ahora que la barra libre de turistas se les está volviendo en contra y las islas no aguantan más, Nueva Canarias decide subirse al tren de lo políticamente correcto. Pero no nos engañemos, esta súbita iluminación no es más que otro disfraz para seguir vendiendo humo mientras el negocio continúa a puertas cerradas.

Hablemos claro, las propuestas y voluntades se demuestran con hechos, no con palabras huecas para engatusar incautos después del 20A. Porque, seamos sinceros, ¿qué ha hecho Nueva Canarias desde que se escindió de Coalición Canaria, aparte de hundir su propio barco? Sus políticas desde el Cabildo de Gran Canaria son un monumento al despropósito y a la incoherencia.

¿Cómo se puede decir «basta ya de masificación turística» mientras se aprueban planes que aumentan más camas que Ikea un sábado por la tarde?

La analogía aquí es sencilla, Nueva Canarias es como ese vecino que riega su jardín a manguerazo limpio mientras en la reunión de comunidad se queja de la falta de agua. O como el político que prohíbe fumar y sale del pleno con un cigarro en la boca. Nos tratan como si fuéramos tontos, pero a estas alturas ya no cuela.

No basta con posar para la foto, señor Rodríguez. No basta con un discurso grandilocuente al que no le sigue ni una pizca de acción coherente.

Porque si el cambio de modelo turístico era su bandera, lo han tenido todo para izarla y, en lugar de eso, la han enterrado bajo un montón de camas hoteleras y promesas incumplidas. Y ahora vienen a reclamar algo que jamás han defendido con seriedad.

¿De verdad creen que alguien les va a comprar esta nueva mentira? Bromas, si acaso, a otros.