11 de febrero de 2025

Canarias es nuestro hogar: El hogar se cuida, se protege, se defiende.

Canarias es nuestro hogar: El hogar se cuida, se protege, se defiende.

Canarias es nuestro hogar. O al menos lo era. Ahora nos sentimos como extraños en nuestra propia casa, como invitados en la mesa que antes era nuestra. Nos han cambiado el mantel, los cubiertos, los rostros, y cuando preguntamos qué ha pasado, nos dicen que esto es progreso.

Antes, nuestras islas eran un refugio, una casa sin cerrojos donde la vida pasaba entre azoteas, calles llenas de niños y la brisa que entraba por las ventanas abiertas.

Ahora, levantamos la vista y ya no hay cielo, solo muros de hormigón que nos lo tapan. Nos robaron la luz con edificios que nunca soñamos y calles donde ya no reconocemos a nadie. Nos han arrebatado hasta el derecho a caminar por nuestra tierra sin que nos pongan un cartel de «privado» o «reserva para clientes».

Nos dijeron que para prosperar había que derribar nuestras casas y levantar hoteles. Que el futuro pasaba por vender lo nuestro al mejor postor. Y lo hicimos. Y ahora nos miramos y nos preguntamos,

¿y nosotros qué? ¿Dónde quedó nuestro sitio en este tablero donde solo movemos piezas para que otros ganen la partida?

Nos hemos convertido en los sirvientes de una casa que construyeron con nuestra tierra, pero para otros. Y lo aceptamos. Nos conformamos con ver partir a los nuestros, mientras aquí desembarcan otros con dinero suficiente para comprarnos la vida.

Nos dijeron que lo importante era mantenernos a flote, pero nunca nos preguntamos quién lleva el timón. Y así seguimos, perdidos en un mar que una vez fue nuestro.

¿Hasta cuándo? ¿Cuándo vamos a darnos cuenta de que si seguimos así, lo perderemos todo? Nuestra dignidad, nuestra historia, nuestra identidad. Nosotros mismos.

Porque un hogar no es solo un techo. Es la gente que lo habita, la vida que en él se crea. Y si no defendemos el nuestro, pronto no quedará nada de lo que una vez fuimos.

Ya no podemos seguir esperando a que alguien nos salve. El hogar se cuida, se protege, se defiende. Y ahora nos toca a nosotros decidir si queremos recuperar el nuestro o seguir viendo cómo nos lo arrebatan, mientras suspiramos resignados y decimos, una vez más, «Virgencita, que me quede como estoy».

Pero si nos quedamos como estamos… no quedará nada.