La distopía inmobiliaria en Canarias. Un paraíso privatizado y un infierno para vivir

Canarias, esa postal paradisíaca que tanto vende el Ministerio de Turismo, se ha convertido en el terreno de juego favorito de especuladores, inversores sin escrúpulos y políticos miopes.

Mientras ,los precios del alquiler se disparan un 22,04% interanual, como si el sueldo de un camarero o una dependienta también lo hiciera, los canarios y canarias seguimos viendo cómo nuestras ciudades y municipios son colonizadas por turistas, expatriados de lujo y propietarios foráneos que convierten nuestras islas en un parque temático de la desigualdad.

¿Qué tenemos? Un caos especulativo monumental.

El alquiler en Canarias ya es el cuarto más caro del Estado Español y de la UE, y lo que ganamos aquí no alcanza ni para un estudio en Las Palmas o Santa Cruz.

¿Es esto progreso? No, es una burla.

Mientras los canarios se amontonan en pisos compartidos o se ven obligados a emigrar, nuestras instituciones siguen aplaudiendo como focas el manido “motor económico” del turismo.

Hablemos claro, la turistificación es una plaga.

Cada vivienda que se convierte en alojamiento vacacional es una familia canaria más que pierde su hogar.

Las multinacionales y fondos buitre ya no se esconden; compran barrios enteros, expulsan a los vecinos de toda la vida y convierten nuestros paisajes en escaparates para influencers europeos.

¿El resultado? Una gentrificación rampante que echa raíces en todas las islas.

¿Y qué hace la política? Nada que no sea perpetuar el problema.

Las ayudas al alquiler son un chiste mal contado. Prometer cubrir hasta el 50% de una renta que ya es prohibitiva es como regalar chalecos salvavidas en un Titanic lleno de agujeros.La creación de una Empresa Pública de Vivienda suena bonita, pero ¿dónde está el cambio estructural?

Mientras tanto, seguimos permitiendo la libertad de establecimiento de ciudadanos europeos, un principio que nos ha condenado a ser colonizados por jubilados alemanes, noruegos , italianos, daneses , rusos ,..y plaga de nómadas digitales.

La libre circulación de trabajadores es otra losa más.

Miles llegan anualmente buscando empleo, pero ¿dónde los metemos? En pisos cada vez más caros y saturados. Por no hablar de las más de 27.000 personas que se mudan cada año desde el Estado Español, muchas de ellas con mayor poder adquisitivo, desplazando aún más a la población local.

Y ahí no termina, la migración desde terceros países, ahora impulsada por rutas aéreas, agrava la falta de recursos habitacionales.

Canarias no puede ser el refugio turístico, laboral y residencial de todos a costa de su propia gente.

La situación es insostenible y, lo peor, parece diseñada para que no cambie. Cada año estamos más lejos de un modelo que priorice al residente y más cerca de ser una franquicia low-cost para el disfrute de otros.

Es hora de decir basta.

Necesitamos regular la compra de viviendas por extranjeros, limitar la conversión de inmuebles en alojamientos turísticos, y exigir un estatus político que nos permita escapar del yugo de la Unión Europea y sus reglas de mercado.

Si no lo hacemos, Canarias no será un paraíso. Será un museo del canario extinto.