Fábrica de Parados, Importadora de Mano de Obra

Parece un chiste, pero no lo es. Canarias, el archipiélago con un 16% de desempleo estructural, con 775.000 personas en situación de pobreza y con el 44% de sus menores afectados por la miseria familiar, ha decidido que la solución a su crisis laboral pasa por formar a personas del continente africano para trabajar en las islas.

El programa InterregMAC, financiado con fondos de la UE, nace con la teórica misión de contribuir al desarrollo de los países vecinos. Y eso es necesario, incluso obligado, como parte de nuestra contribución a un mundo más equitativo.

Pero lo que no tiene ni pies ni cabeza es que, con la excusa de la cooperación, se termine importando mano de obra mientras nuestra juventud, con formación adecuada, se ve forzada a emigrar por falta de oportunidades.

Es como si en un hospital faltaran medicamentos para los pacientes internos, pero los directivos decidieran abrir una farmacia gratuita para los de fuera.

La solidaridad no debe ser una coartada para la incompetencia política ni una cortina de humo para ocultar el fracaso en la generación de empleo local.

El discurso oficial vende esta iniciativa como una acción de progreso y cooperación. Pero la realidad es otra, se crea una vía paralela para la llegada de trabajadores desde el continente vecino, en sectores que podrían estar cubiertos por nuestra propia población si las políticas de empleo no fueran un desastre.

Mientras tanto, nuestros mayores de 52 años son condenados a una pobreza eterna, sin posibilidad de reinsertarse laboralmente.

Si queremos ser útiles a África, ayudemos en origen. Formemos, impulsemos proyectos, establezcamos vínculos de cooperación real. Pero no sigamos con esta política de parcheo que, lejos de resolver problemas, los agrava.

Porque al final, hasta los discursos más extremos encontrarán razones para explotar esta situación, y el relato de la «invasión» ganará adeptos.

Seamos claros, no hay justificación para seguir priorizando la importación de mano de obra cuando nuestra propia gente se ve obligada a irse.

No es cuestión de xenofobia ni de insolidaridad, sino de sentido común. Canarias no puede permitirse seguir siendo una fábrica de parados para los nuestros y una agencia de colocación para los de fuera.