Fernando Clavijo ha cerrado el año con un mensaje que bien podría calificarse de audaz si no fuera por lo insulso de su contenido. Nos invita a hacer piña para afrontar los retos de Canarias, un gesto que, aunque suene conciliador, no es más que una metáfora vacía si la analizamos en el contexto de su gestión.
Clavijo pide unidad, pero ¿unidad para qué?
¿Para seguir aguantando su incapacidad de resolver los problemas que nos asfixian día tras día?
Hacer piña está muy bien como eslogan. Es breve, amigable, y hasta suena solidario. Pero lo que Clavijo no dice es que la piña que él propone no es un símbolo de unión, sino un fruto podrido por dentro, cuidadosamente barnizado para que parezca fresco desde fuera. Nos invita a morder una piña que se desmorona en las manos, llena de gusanos de precariedad, abandono institucional y promesas huecas.
¿Cómo hacemos piña con un Gobierno que permite que las familias canarias vivan ahogadas entre alquileres imposibles mientras se regala el suelo a fondos buitres?
¿Cómo hacemos piña cuando los hospitales están colapsados, cuando los especialistas emigran, y cuando la salud pública está en cuidados paliativos?
¿Cómo hacemos piña cuando nuestros jóvenes, desmotivados y sin oportunidades, se ven obligados a emigrar o conformarse con trabajos precarios?
Clavijo pide remar juntos, pero oculta que, en su barca, unos pocos viajan en primera clase mientras el resto carga con los remos. Su idea de unidad parece más un remiendo improvisado que un verdadero esfuerzo por abordar los problemas estructurales de Canarias. Nos dice que rememos, pero ¿hacia dónde? ¿Hacia un modelo que sigue beneficiando a las élites y dejando al pueblo canario atrapado en la miseria?

La guinda del cinismo es pedirnos que hagamos piña mientras él reparte tajadas a quienes siempre se llevan la mejor parte. Su gestión es como invitar a un banquete donde los platos llegan vacíos para la mayoría, mientras unos pocos se hartan a costa de todos. Hacer piña, en su discurso, no es más que unirnos para limpiar los destrozos que su gobierno y sus aliados económicos dejan tras de sí.
No, presidente, los canarios no vamos a hacer piña con usted. Lo que usted quiere no es una piña de unidad, sino una piña que le tape sus vergüenzas, que disimule su inacción y su hipocresía.
Canarias no necesita eslóganes ni metáforas vacías; necesita decisiones valientes, un liderazgo comprometido y soluciones reales.
Y si de piñas se trata, quizás lo que necesite sea una piña de verdad, una contundente bofetada de realidad en las urnas, porque la paciencia de los canarios no es infinita. Deje de fingir que estamos todos en el mismo barco y recuerde que la dignidad del pueblo canario no está a la venta, aunque algunos, como usted, sigan intentando subastarla al mejor postor.


