Clavijo y el arte de mentir
Fernando Clavijo se permite el lujo de acusar a Ángel Víctor Torres de haber mentido a los canarios. Y aunque seguramente tenga razón —porque en política las verdades absolutas escasean más que las viviendas sociales en Canarias—, lo que resulta un auténtico espectáculo de humor negro es que esas palabras vengan de quien ha convertido la mentira en una de las bellas artes.

Clavijo, el mismo que, con la solemnidad de un faro apagado, ha presidido Coalición Canaria y un gobierno que lleva décadas perfeccionando el arte del «donde dije digo, digo Diego».
Porque si algo domina Clavijo es el juego del cinismo, es decir , mentir desde que amanece hasta que anochece, y luego, con toda la desvergüenza del mundo, acusar a otros de hacer lo mismo.
Un político capaz de organizar comisiones parlamentarias , que no sirven de nada, para estudiar la superpoblación – reto demográfico le llaman- , sabiendo de antemano que ni él , ni nadie en su partido moverán un dedo para legislar sobre un problema que asfixia al archipiélago, porque hacerlo implicaría enfrentarse al Estadpo Español.
¿Qué mejor manera de ocultar la incompetencia que organizando comisiones vacías?
Así, mientras ellos pierden el tiempo, los canarios seguimos viendo cómo el suelo que pisamos se convierte en tierra de nadie.

Y claro, ¿quién quiere complicarse la vida cuando es más fácil montar un teatrillo y ganar tiempo?
Es el mismo Clavijo que ahora pretende resolver la crisis de la vivienda como si su partido no hubiera sido el principal promotor de la catástrofe durante los últimos 30 años.
¿Su brillante solución? Usar la Reserva de Inversiones de Canarias (RIC) para que las empresas construyan vivienda libre, es decir, viviendas que podrán ser adquiridas por cualquier extranjero con la cartera suficiente para desplazar aún más a los canarios de su derecho a una casa digna.
La pregunta que muchos nos hacemos es sencilla:
¿cómo consigue sostener su propia cara sin que le pese la vergüenza?
¿Es un don natural o un músculo que se entrena con los años?
Clavijo miente con la misma soltura con la que se despacha un café por la mañana. Miente cuando habla, miente cuando calla y, si se le deja, probablemente mienta también en sus sueños.
Pero lo más fascinante no es su capacidad para mentir, sino su descaro para señalar con el dedo a otros, como si estuviera repartiendo premios a la hipocresía ajena.
La estrategia es tan vieja como la política misma: gritar «¡Ladrón!» para que nadie mire tus bolsillos.

En este caso, acusar a Torres de mentiroso no solo sirve para intentar desviar la atención, sino para mantener el control de un discurso donde él siempre quiere ser el amo del patio.
Lo que Clavijo parece olvidar es que los canarios, aunque pacientes, no somos ingenuos.

Sabemos distinguir entre las promesas vacías, las palabras huecas y los hechos que nunca llegan. Y también sabemos que quien ha nacido mentiroso, difícilmente se endereza en política.
Fernando Clavijo, ese gran mago de las palabras que desaparecen en cuanto las dice, nos regala una lección diaria de cinismo, hipocresía y desfachatez.
Pero no nos engaña. No más. Porque, al final, la mentira tiene las patas tan cortas como las soluciones que ha ofrecido a este archipiélago durante toda su carrera.

