12 de febrero de 2025
«Envía mensajes en una botella y pasan tres pueblos de Él «

Fernando Clavijo, presidente de Canarias, parece vivir en una fantasía digna de un cuento surrealista. Como un pajarito preñado –esa tierna metáfora que refleja ingenuidad supina– sigue creyendo que la Unión Europea se desvela por las noches pensando en el bienestar de los canarios.

Tal vez se imagina que, entre cumbres y reuniones, los comisarios europeos se preguntan angustiados: «¿Cómo estarán hoy los habitantes del Archipiélago Canario?»

Chiquita preocupación en la UE por el bienestar canario

Pero la realidad, esa maestra implacable, nos dice otra cosa, Canarias es, para Bruselas, poco más que un punto estratégico en el mapa.

Un territorio útil para sus juegos geopolíticos, sus acuerdos comerciales y su papel como guardián de las fronteras exteriores de Europa. La calidad de vida de los canarios, sus derechos, su futuro… son meras notas al pie, irrelevantes para quienes toman las decisiones en la UE.

Sin embargo, ahí está Clavijo, escribiendo cartas como si no hubiera un mañana.

Cartas cargadas de súplicas, casi con lágrimas en el papel, implorando que no nos quiten el «trato diferenciado».

¿Qué trato diferenciado? Ese que ha convertido a Canarias en una dependencia perpetua, que apenas rasca migajas de las subvenciones mientras el Archipiélago sigue sumido en la pobreza, el desempleo y el abandono.

Clavijo y sus amigos han vivido durante décadas del maná europeo, pero no porque defendieran los intereses de Canarias, sino porque han sabido llenarse los bolsillos y perpetuar su incompetencia política.

Ahora, cuando la teta de Bruselas amenaza con secarse, su desesperación roza lo patético.

¿Qué hará Clavijo si se acaba el flujo de subvenciones? ¿De qué vivirá él y su camarilla? ¿Volverá a la ventanilla a pegar sellos?

Ah, no, perdón, que eso también sería demasiado esfuerzo.

La ironía es que, mientras Clavijo mendiga en Europa, la Unión nunca ha tomado una sola decisión pensando en el progreso real de Canarias.

Nos ven como un peón en su tablero, un lugar para sus maniobras políticas y económicas, pero nunca como una parte integral de su población.

Los canarios no somos europeos; somos ultraperiféricos, y no solo geográficamente, sino también en derechos, oportunidades y progreso. Es hora de dejar de mendigar.

De asumir que la Unión Europea no es la madre que nos protegerá, sino un sistema diseñado para beneficiar a sus centros de poder a costa de las periferias. Clavijo, en su ceguera o en su desvergüenza, no lo entiende.

Por eso sigue jugando a ser el escribiente de las élites canarias, a ser el lacayo que suplica que lo mantengan en su zona de confort.

Pero Canarias necesita algo más que súplicas y cartas vacías. Necesita líderes con visión de Estado, que se atrevan a mirar más allá del ombligo europeo y a plantear un futuro donde el Archipiélago no sea una colonia dependiente.

Tal vez sea hora de decir adiós a esa Unión Europea que nunca nos ha tenido en cuenta. Porque, si seguimos confiando en la ignorancia de Clavijo y sus socios, el futuro de Canarias será cada vez más precario, más pobre y más olvidado.

Es momento de romper cadenas, no de pedir que las aflojen.

¿Quién tendrá el valor de dar ese paso? Desde luego, no Clavijo.