«Canarias es un tenderete fiscal para unos pocos. Es hora de exigir cuentas»

La Reserva de Inversiones de Canarias (RIC), ese gran invento del Régimen Económico y Fiscal de Canarias (REF), fue vendida como la piedra angular del desarrollo económico de las islas. Prometió empleo, diversificación económica y modernización empresarial. Pero décadas después, la realidad es otra: la RIC es poco más que un regalo fiscal para los poderosos, mientras la mayoría de la población sigue atrapada en la pobreza, el desempleo y la precariedad.

¿Culpa del sistema, del modelo? ¿De los políticos? ¿De las empresas? La respuesta es clara: de todos ellos.

Un festín fiscal para unos pocos

La RIC no es más que una maquinaria perfectamente diseñada para que las grandes empresas y fortunas se ahorren impuestos, con la bendición de los políticos de turno.

¿El resultado? Un Archipiélago donde los de siempre siguen llenándose los bolsillos mientras el resto ve cómo la desigualdad se multiplica.

Las empresas aparcan su dinero en activos inservibles, cuentas bancarias o inversiones cosméticas que apenas rascan la superficie de los problemas de Canarias.

¿Quiénes han sido los grandes beneficiados?

Las constructoras, las cadenas hoteleras y algún que otro empresario avispado que supo entender que la RIC es más útil como un truco contable que como un instrumento para transformar la economía.

«¿Crear empleo? ¿Diversificar la economía? No, gracias. Mejor maquillar las cuentas.»

La complicidad de los políticos

Por supuesto, esta situación no sería posible sin la inestimable colaboración de nuestros gobernantes. Desde hace décadas, la clase política canaria ha defendido la RIC como si fuese un milagro económico, mientras miraban hacia otro lado ante su evidente fracaso.

¿Dónde está la rendición de cuentas? ¿Cuántos empleos se han creado realmente gracias a la RIC? ¿Cuántas empresas han utilizado este incentivo para algo más que ahorrarse impuestos?

La respuesta está en los números. Canarias sigue liderando las tasas de pobreza, desempleo y desigualdad en España. Mientras los políticos aplauden la RIC como una gran herramienta de desarrollo, los datos los desmienten una y otra vez.

El modelo económico del siglo pasado

La RIC es un reflejo de un modelo económico anclado en el pasado, turismo barato y construcción descontrolada. Los fondos que deberían haber diversificado la economía y fomentados sectores estratégicos, la tecnología o la agricultura sostenible tanto para reducir la dependencia exterior como para impulsar el sector de industrias agroalimentarias, plataforma logística de servicios y distribución, como centro tecnológico de I+D+i , han terminado alimentando un sistema que sigue dependiendo del monocultivo turístico.

¿Y el empleo? Claro, se han creado puestos de trabajo… precarios, mal pagados y temporales.

Pero no se preocupen, nos aseguran que todo va bien porque algunos empresarios han podido comprar un par de maquinarias nuevas o construir otro hotel en primera línea de playa. Eso sí, los canarios de a pie siguen sin acceso a viviendas dignas ni empleos estables.

La ironía de un «desarrollo» invisible

Nos dicen que la RIC ha sido un éxito porque «fomenta la inversión». Pero, ¿dónde están esas inversiones? ¿En qué ha cambiado Canarias? Seguimos con hospitales saturados, una red de transporte público tercermundista y una crisis habitacional galopante. Ah, pero al menos hay más piscinas en los hoteles de lujo y algunas empresas han cambiado sus flotas de coches. ¡Qué alivio!

Culpables claros, consecuencias devastadoras

Los grandes responsables de este fracaso son:

  1. Las empresas que han usado la RIC como una trama fiscal para maximizar sus beneficios sin reinvertir realmente en el Archipiélago.
  2. Los políticos, que han permitido este despropósito con leyes laxas, falta de control y nulo interés por exigir resultados tangibles.
  3. Los gestores del REF, incapaces de adaptarlo a las necesidades reales de Canarias en pleno siglo XXI.

Un final anunciado

La RIC no ha cumplido su propósito y es hora de reconocerlo. No ha diversificado la economía, no ha reducido la pobreza y no ha mejorado la calidad de vida de los canarios. Al contrario, ha perpetuado un sistema desigual donde los beneficios se concentran en unos pocos mientras la mayoría apenas sobrevive.

Es hora de exigir cuentas

¿por qué se sigue permitiendo este circo? ¿Quién se atreverá a poner fin a este «incentivo fiscal» que no incentiva nada salvo la desigualdad?

O mejor aún, ¿quién tendrá el valor de admitir que la RIC no es más que una gran mentira disfrazada de política económica? Canarias merece algo mejor que este monumento al cinismo económico. Y si nadie quiere asumir la responsabilidad, al menos podrían tener la decencia de dejar de celebrarla como un éxito. El pueblo canario ya está cansado de tanto humo.

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