1 de enero de 2025

¿Renovables o robo disfrazado? un golpe maestro de cinismo

¿Renovables o robo disfrazado? un golpe maestro de cinismo

En un golpe maestro de cinismo, las oficinas verdes de Canarias nos invitan a participar en su más reciente espectáculo, la «democratización» de la transición energética.  ¡Qué maravilla!.

Nos venden la idea de que, invirtiendo unos cuantos euros, podremos salvar el planeta, participar en el negocio «saludable» de las renovables y, de paso, sentirnos héroes de la lucha contra el cambio climático.

Lo que no nos cuentan es el precio real que no es otro que la devastación de nuestro territorio, la perpetuación del expolio y la conversión de la ciudadanía en cómplices de un modelo insostenible y depredador.

La gran jugada del dividendo verde

La estrategia es brillante, digna de un manual de manipulación social. Te convierten en «accionista» de un sistema que destruye lo que amas, envolviéndolo todo en un manto de virtud medioambiental.

Es como si te invitaran a pagar por el taladro que perforará el suelo bajo tus pies, asegurándote que el agujero es «necesario para el progreso».

Y mientras tanto, quienes levantan la voz contra este teatro de lo absurdo son tratados como parias, enemigos del «avance» y obstáculos para un futuro mejor.

Dividen a la sociedad, enfrentan a vecinos y perpetúan la narrativa de que solo hay una forma de combatir

la crisis climática, la suya.

¿Renovables o robo disfrazado?

En nombre de la sostenibilidad, los macroproyectos energéticos se implantan sin consulta real, sin respeto por el territorio ni por las comunidades locales.

Plantas solares que devoran hectáreas de suelo fértil, parques eólicos que alteran ecosistemas enteros y megaproyectos que engullen paisajes protegidos.

Todo ello bajo el pretexto de «progresar», mientras los verdaderos beneficios llenan los bolsillos de grandes corporaciones y fondos de inversión.

Y ahora, con un golpe maestro, pretenden que seas tú quien financie esta destrucción.

La lucha contra el cambio climático, según los gurús del expolio

Nos venden la transición energética como el remedio milagroso, pero lo que esconden es que esta transición no es ni justa ni sostenible.

¿Reducir la huella ecológica? Claro, pero a costa de pisotear el territorio, la biodiversidad y la dignidad de quienes se oponen a este modelo.

Es un teatro grotesco donde el telón verde oculta la verdadera escena, un negocio multimillonario que usa la bandera climática para justificar el saqueo.

Complicidad ciudadana, el truco final

El golpe más bajo de esta estrategia es hacernos cómplices. Nos seducen con promesas de rentabilidad, nos envuelven en el discurso de la responsabilidad compartida y nos empujan a ser parte del problema.

Porque, claro, ¿cómo vamos a criticar algo en lo que hemos invertido? Así, convierten cualquier voz disidente en un enemigo del progreso y nos atan de pies y manos al carro de su devastación.

Si de verdad quisieran una transición energética justa, hablarían de descentralización, de comunidades energéticas reales, de respetar los límites del territorio y las necesidades de sus habitantes.

Pero no. Lo suyo es un modelo extractivista con un disfraz verde fosforito, diseñado para enriquecer a unos pocos mientras empobrecen a la mayoría.

La verdad tras el espejismo

La lucha contra el cambio climático no puede ser excusa para destrozar todo a su paso. La verdadera sostenibilidad no se construye arrasando el territorio ni manipulando a la sociedad para que participe en su propia destrucción.

La verdadera lucha pasa por defender un modelo que respete a las personas, el medio ambiente y el futuro de nuestras islas. Lo demás es puro teatro, y ya va siendo hora de que se caiga el telón.