26 de diciembre de 2024
La Canarias sumisa aplaude y Europa la arrasa otra vez: Acuerdo con Mercosur

Una vez más, Somos el decorado perfecto para los abusos europeos. La Unión Europea nos deja claro dónde estamos en su lista de prioridades: al fondo, al margen, justo detrás del decorado que sostiene su espectáculo de grandes acuerdos comerciales.

Esta vez, la función se llama Acuerdo con Mercosur, un pacto entre la Unión Europea y varios países sudamericanos que, a primera vista, suena a globalización y progreso, pero que, al leer la letra pequeña, supone un clavo más en el ataúd de nuestra agricultura de medianías y de cualquier esperanza de soberanía alimentaria.

Mientras las élites europeas celebran el acceso masivo a productos agrícolas sudamericanos baratos, en Canarias, los agricultores —esos héroes invisibles que todavía intentan cultivar nuestra tierra árida y mantener viva una cultura agrícola— se enfrentan al abismo.

¿Competir con mercados donde los costes de producción son irrisorios y las regulaciones ambientales brillan por su ausencia?

¡Claro, no hay problema! La UE se encargará de que nuestras plataneras se llenen de telarañas mientras aplaudimos los camiones repletos de soja transgénica y carne criada con hormonas que entrarán por los puertos continentales.

El silencio ensordecedor del Gobierno de Canarias

¿Y dónde está el señor Clavijo en todo esto? Ah, calladito, no vaya a ser que Bruselas y Madrid se ofendan.

¿Qué hace nuestro gobierno mientras Europa firma acuerdos que nos perjudican directamente? ¿Dónde están las exigencias para defender nuestra agricultura, nuestra identidad, nuestra soberanía alimentaria, la diversificación económica que nuestro archipiélago necesita?

¿ Dónde está la regulación de residencia necesaria para nuestro territorio y la limitación de venta de viviendas para foráneos o la protección de nuestro mercado laboral canario?

La respuesta es simple: El Gobierno de Clabvijo ni está , ni se le espera para estas cuestiones. Él siguen rindiendo pleitesía, con la cabeza gacha y la mano extendida a la corona de España , al Gobierno de turno y la Unión Europea que nos encorseta y mantiene cautivos con un modelo de dependencia absoluta , rezando para que las migajas de las subvenciones sigan cayendo.

Porque claro, el status quo es muy cómodo para algunos. Estas subvenciones no llegan a los pequeños agricultores que luchan por subsistir, sino que alimentan a una clase empresarial acomodada, esos medianeros modernos que, en lugar de sudar la camisa, viven de rellenar formularios y cobrar dinero público. Y mientras tanto, las medianías se vacían, la tierra se abandona y Canarias se convierte en un parque temático dependiente de alimentos importados.

¿Hasta cuándo agacharemos la cabeza?

La gran pregunta es: ¿hasta cuándo vamos a tolerar estos abusos sin precedentes? Porque sí, es un abuso. Es una falta de respeto que seamos tratados como un simple apéndice exótico, un destino turístico al que hay que calmar con palmaditas en la espalda y palabras bonitas. Europa nunca nos ha visto como iguales, y el acuerdo con Mercosur lo deja más claro que nunca. No somos socios, somos peones sacrificables en su tablero geopolítico.

¿Y todo esto por qué? Por unas subvenciones que mantienen a unos pocos en su pedestal, mientras el resto miramos cómo desaparecen nuestras oportunidades y nuestra capacidad para decidir nuestro futuro.

¿De verdad queremos seguir siendo una RUP, una Región Ultraperiférica, atrapada en un modelo que no entiende nuestras necesidades ni respeta nuestras especificidades?

¿Por qué no un cambio de modelo?

Es hora de que el Gobierno de Canarias ponga sobre la mesa la discusión que tanto miedo parece dar: el cambio de modelo en nuestra relación con Europa. Otros territorios, como las Antillas Holandesas, han explorado vías alternativas, como el estatus de País y Territorio de Ultramar (PTU), que les permite mayor flexibilidad para gestionar sus recursos y su comercio.

¿Por qué nosotros no? ¿Qué más tiene que pasar para que entendamos que seguir atados a un modelo que nos ignora es un suicidio colectivo?

Queda esperanza de cambio

La soberanía alimentaria no es solo un ideal romántico; es una necesidad estratégica en un mundo cada vez más inestable. Pero para alcanzarla, necesitamos tomar decisiones valientes.

Necesitamos gobiernos que defiendan a su gente, no que actúen como secretarios serviles de Bruselas. Y, sobre todo, necesitamos que Canarias despierte y se niegue a seguir siendo el patio trasero de Europa.

El cambio es posible, pero solo si tenemos el valor de exigirlo. Dejemos de agachar la cabeza y empecemos a mirar al frente. Europa no va a defender nuestros intereses si nosotros mismos no lo hacemos.

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