25 de diciembre de 2024

Medios de incomunicación en Canarias: Los guardianes de la desinformación

Medios de incomunicación en Canarias: Los guardianes de la desinformación

Vivimos en una era donde el acceso a la información nunca ha sido tan amplio, pero la calidad de la misma nunca ha estado tan comprometida.

En Canarias, esto se siente como un puñetazo en el estómago. Los medios de comunicación, antaño defensores de la libertad de expresión, se han convertido en lo que podríamos llamar, sin miedo a exagerar, voceros a sueldo de los grandes intereses políticos y económicos.

¿Dónde quedó su función de servicio público, si es que algún momento lo fue?

En algún lugar entre las subvenciones que reciben de las instituciones y las notas de prensa que reproducen sin el más mínimo espíritu crítico. Pongámonos serios. O más bien irónicos, porque el panorama no da para otra cosa.

Las nuevas organizaciones políticas, especialmente aquellas con discursos incómodos o disruptivos, no son noticia.

¿Por qué? Porque simplemente no interesa que lo sean.

En el juego mediático, ellos –los medios– deciden quién merece ver la luz y quién no. No importa si estas organizaciones traen propuestas frescas, si cuestionan las estructuras de poder o si plantean alternativas a la deriva socioeconómica que vivimos. Si no pertenecen al círculo de los grandes partidos o no garantizan clics suficientes, son invisibles.

Eso sí, los medios se autoproclaman «independientes». ¿Independientes? Hay que reírse para no llorar.

En un archipiélago donde los grandes grupos editoriales están controlados desde Madrid, lo único independiente parece ser su habilidad para maquillar titulares tendenciosos y manipular la opinión pública.

Los medios de Canarias ya no son de Canarias, son piezas del engranaje estatal español, diseñadas para incidir sobre lo que conviene, desviar la atención de lo incómodo y perpetuar un sistema donde todo cambie para que nada lo haga.

La libertad de prensa es ahora la libertad de los poderosos para definir qué se publica y qué se silencia.

Y lo peor es que lo hacen con el descaro de un trilero en una feria, jugando con nuestras esperanzas y expectativas. Publican cualquier nota de los grandes partidos como si fuera palabra divina, sin cuestionarla, sin contrastarla, sin la más mínima intención de informar. Porque ya no se informa, se manipula.

Y se manipula con un objetivo claro: servir a intereses económicos y políticos

que nada tienen que ver con el bienestar de la sociedad canaria.

Mientras tanto, las nuevas voces políticas que podrían agitar el avispero de la conciencia colectiva se enfrentan a un muro de silencio. No es casualidad.

Los medios saben que esas voces representan un peligro para el statu quo. Y cuando el statu quo financia tus operaciones, lo último que quieres es morder la mano que te da de comer.

Canarias merece algo mejor.

Merece medios de comunicación que de verdad sean independientes, que informen sin miedo, que den voz a todas las corrientes políticas y sociales, y que no se conviertan en cómplices de un sistema que, bajo la fachada de la democracia, sigue actuando como un club privado donde solo unos pocos tienen el micrófono.

Pero para eso, quizá debamos empezar a llamarlos por su verdadero nombre:

Medios de incomunicación y manipulación sin vergüenza propia.